Fuente: Miguel Pastor et al 1997

NECESIDADES DE RIEGO PARA MÁXIMA PRODUCCIÓN

El olivo, como todas las plantas superiores funciona como una fábrica de asimilados, en cuyos laboratorios (las hojas) se utiliza la energía solar, el CO2 atmosférico y el agua del suelo para producir biomasa (madera, ramas, raíces, tallos, nuevas hojas y frutos) mediante fotosíntesis. Para permitir la entrada del CO2 en su interior, la planta abre los estomas; mientras, el vapor de agua que está saturando los espacios intercelulares de las hojas se pierde a la atmósfera. Esta pérdida de agua es conocida como transpiración, y es el coste impuesto que el cultivo debe pagar para producir la biomasa. Este agua debe ser repuesta a los tejidos mediante extracción del suelo por las raíces. Como consecuencia inmediata, si el contenido de agua en el suelo no es suficiente para reponer todas las pérdidas por transpiración, el cultivo sufre un déficit hídrico que altera una serie de procesos, con cierre de los estomas y descenso en la síntesis de asimilados, con una repercusión final negativa sobre la producción.

Desde la superficie del suelo se produce igualmente una importante pérdida de agua por evaporación, proceso que tiene una gran importancia cuantitativa en climas áridos como el nuestro. La suma del agua consumida por la planta en transpiración más el agua evaporada se llama evapotranspiración del cultivo (ETc), y debe ser satisfecha estacionalmente en su totalidad mediante la lluvia y/o el riego, para que no se vea afectada la producción potencial del cultivo.

En el estado actual de conocimientos, el método más recomendado para el cálculo de la ETc es el propuesto por FAO (Doorenbos y Pruitt, 1977), mediante la expresión:

ETc = ETo. Kc

Donde ETo, es la denominada evapotranspiración de referencia, que es la evapotranspiración de una pradera de gramíneas con una altura entre 8 y 10 cm que crece sin limitaciones de agua y fertilizantes en el suelo, y sin la incidencia de plagas o enfermedades. La ETo puede estimarse en base a datos climáticos, utilizando fórmulas empíricas, o bien localmente empleando un tanque evaporimétrico (Tanque Clase A), cuya instalación tiene un coste asequible.

En el Valle del Guadalquivir la expresión de Penman-FAO es la que permite estimar ETo

con mayor precisión, pero necesita datos meteorológicos diarios fiables de temperaturas, humedad relativa del aire, velocidad del viento y radiación solar, información pocas veces disponible. Sin embargo, la expresión de Hargreaves, que utiliza solamente datos termométricos, empleada promediando valores semanales o mejor aún quincenales, permite estimar ETo con una suficiente precisión como para realizar programas de riego de olivar implantado en suelos con adecuada capacidad de retención y en comarcas en las que no existe influencia marina o vientos dominantes.

En estas condiciones, la estimación de ETo con la expresión de Hargreaves puede ser mejor que la obtenida empleando el Tanque Clase A. De cualquier manera la variación estacional ETo tiene una escasa variación interanual, por lo que incluso sería admisible la utilización de valores medios de la zona, ya que otros parámetros, como la lluvia, nos va a dificultar en mayor medida la programación del riego.

El coeficiente Kc de la ecuación anterior cuantifica el efecto del propio cultivo, y expresa la relación existente entre la evapotranspiración del cultivo cuando este cubre totalmente el suelo y la ETo. Este coeficiente debe ser determinado experimentalmente en condiciones locales. Para el caso particular del olivo cultivado en el Valle del Guadalquivir Kc no es constante a lo largo del año, variando entre valores máximos en primavera y otoño (Kc = 0,60 - 0,65) y valores mínimos en invierno y verano (Kc = 0,55). Esta sensibilidad del olivo a las condiciones ambientales puede estar relacionada con la sensibilidad de sus estomas a variaciones en la humedad relativa del aire (déficit de presión de vapor), cerrando parcialmente cuando el DPV supera un determinado valor, a pesar de disponer la planta de suficiente cantidad de agua en el suelo.

Las estimaciones de ETc mediante la expresión anterior pueden ser válidas para olivares de gran desarrollo y con cobertura del suelo por la copa del árbol superiores al 50%, situación que no se presenta en la mayoría de las plantaciones, en especial en los casos de olivares jóvenes en crecimiento o con densidades tradicionales. Para coberturas inferiores, la estimación de ETc habría que hacerla en base a la expresión:

ETC = ETo. Kc. Kr (1)

El coeficiente Kr cuantifica el desarrollo del cultivo. Al no disponerse aún de información para el caso del olivar, este coeficiente reductor Kr podría estimarse de forma aproximada utilizando la relación que Fereres y col. (1981) encontraron para el almendro:

Kr = 2 x Sc/ 100 (2)

El porcentaje de suelo cubierto (Sc) se calcula en función del diámetro medio de la copa de los olivos de la plantación a regar D metros y de la densidad de plantación N (olivos/ha), aplicando la expresión:

Sc =Õ . D2 . N/4 . 100

Para olivares con Sc mayor del 50% se utilizará un Kr igual a 1.

La dosis calculada mediante la expresión (1) habría que incrementarla en una fracción proporcional a la falta de uniformidad de la aplicación y de la eficiencia del sistema. En el caso en que se empleen aguas salinas, habría que aumentar igualmente las necesidades para lograr el lavado de las sales.

Para las condiciones del Valle del Guadalquivir se obtienen valores muy variables de ETc en función de las condiciones locales de clima (demanda evaporativa de la atmósfera) y del tipo de plantación (tradicional intensiva; sistema de poda; volumen de copa, etc.).

Así, en olivares con marcos tradicionales de las zonas frías de Jaén y Granada, en las que la ETo anual alcanza valores entre 1.100-1.200 mm, la ETc puede estimarse en 400-450 mm/año, mientras que en olivares intensivos de las zonas más cálidas, con ETo anual de 1.400 - 1.500 mm, la ETcpuede superar los 800 mm. Igualmente existe una marcada variación estacional, pudiendo oscilar la ETc en una determinada localidad entre valores aproximados de 0,5 mm/día en enero y 2,8 mm/día en julio.

Una vez que hemos calculado las necesidades, el suministro del agua al cultivo se realizará mediante la lluvia y las aportaciones de riego. Empleando una instalación muy bien diseñada, las necesidades de riego vendrían dadas por la expresión:

R = ETc – Pe

siendo R la cantidad de riego a aportar (mm) y Pe la lluvia efectiva (mm), que es la cantidad de agua de lluvia que se infiltra en el suelo y que queda a disposición de la planta, siendo necesario regar en los periodos secos o en los que a pesar de producirse lluvias ETc es mayor que Pe.

Para la estimación de la fracción de la precipitación que realmente ha sido efectiva después de producirse una lluvia, lo correcto sería medir la variación del contenido de agua en el suelo antes y después dicha lluvia, lo que solo es posible en parcelas experimentales, y no siempre. Existen multitud de métodos para la estimación de Pe, todos ellos son poco exactos, por lo que podría estimarse, a efectos de planificación, con casi igual precisión como el 70% de la lluvia total producida, despreciando las lluvias de escasa intensidad o incluso las ocurridas en verano.

En la mayoría de los cultivos no se tiene en cuenta a efectos de la programación de los riegos, la cantidad de agua almacenada en el suelo (reserva) durante el periodo lluvioso, agua que se considera como un colchón de seguridad. Sin embargo, en nuestras condiciones es muy recomendable emplear la reserva en la programación de los riegos de olivar, ya que la reserva puede cubrir una fracción muy importante de las necesidades del cultivo (50 - 65%).

Para ello, para la programación del riego a lo largo de la campaña es de suma importancia la cuantificación de la reserva a final del invierno, para la capa de suelo explorada por las raíces del olivo. En este momento ya se habrá producido aproximadamente el 70% de la pluviometría total anual. A partir de este dato, podemos establecer con cierta precisión un programa anual de riego en el que a partir de los datos de ETo, y pluviometría eficaz (Pe), nos planteemos agotar la reserva hasta un nivel denominado de agotamiento permisible (NAP), que podría definirse como el contenido de agua del suelo por debajo del cual es previsible que el cultivo empiece a reducir su tasa de transpiración, y por tanto su crecimiento y producción. EL NAP no tiene un valor único, sino que en función de la sensibilidad del cultivo al déficit hídrico puede tomar distintos valores, dependiendo del método de riego, de la demanda evaporativa de la atmósfera y del tipo de suelo. Para el caso del olivo el NAP podría estimarse como el 70-75% del agua útil, aplicando la expresión:

NAP = 0,75. (Capacidad campo-Punto de marchitamiento permanente)

Este agua podrá consumirse como complemento al riego a lo largo de la estación, siendo más recomendable programar su consumo en la época de máxima demanda (verano), de modo que los volúmenes de agua manejados por hectárea sean mínimos, lo que permitirá que con un determinado caudal podamos regar una máxima superficie, así como abaratar las instalaciones de riego.

Como se ha dicho, el suelo tiene una influencia muy importante en la programación del riego cuando pensamos utilizar la reserva, dependiendo esta de su profundidad y de su textura, fundamentalmente. Así, en los suelos arcillosos la reserva utilizable es muy superior a la de los suelos ligeros, por lo que previsiblemente las necesidades de agua de riego en estos suelos deben ser sensiblemente mayores.